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¡Sonría!, por favor.

Cuando murió mamá le prometí que cuidaría de Sara, mi hermana pequeña. Como hombre de la familia debía cuidar a mis mujeres. Me ocuparía de ella en su ausencia, no cabía la duda en tales promesas. Sara nació, decía mamá, "faltita de fuerza y de inteligencia". El cordón umbilical se le encajó en el cuello, y la pequeña, en el proceso del parto, se tornó de un color azul que le mermó las capacidades. Lo único que no se llevó, aquel bendito y maldito cordón, fue su sonrisa. Sara sonreía desde bien temprano. A esas horas en las que aún no me había despertado, Sara sonreía. —¿Qué pasó? ¡Valiente niña tonta!¡Desde por la mañana con esa boba sonrisa! –alcancé a decir un día, en que ofuscado me topé con la mueca alegre de Sara, durante el desayuno. Las tortas me llovieron desde lo alto, y no eran de avena. Más bien fueron las manos de mi madre, poniendo en orden mis ideas. —¡Jamás vuelvas a decir nada semejante sobre tu hermana! Si todos lleváramos una sonrisa d...

ILUSIÓN

El término ilusión se refiere a una percepción o interpretación errónea de un estímulo externo  real. Este tipo de interpretaciones ha llevado, a muchos autores, a definir las ilusiones como: el resultado de la combinación de poca claridad perceptiva y un estado emocional intenso. También, se puede definir como la Esperanza, cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.       Los profesionales de la psicología la estudiamos como un síntoma de algunos trastornos y, sin embargo, es un término cada vez más extendido que nos habla de situaciones maravillosas: emociones, esperanza, futuro, inocencia, fantasía... Ponemos ilusión en el amor, en el embarazo, un trabajo. Vivimos la ilusión de la Navidad, la de la noche más mágica del año, cuando los Magos llenan las calles de caramelos y las casas de juguetes Se tiene ilusión, se ofrece ilusión, te ilusionas, esperas ilusionado o ilusionada un regalo, una fiesta, el regreso de quien...

Las cosas que no encuentro

Pues hoy me dió por el olvido, el recuerdo, la búsqueda. Dedicado a quienes pierden el sabor de lo cotidiano, preocupados en recordar... Las cosas que no encuentro A veces, descubro que escribí palabras que no me pertenecen, frases que no pudieron salir de mi cabeza, silencios en los que no estuve presente. A veces, descubro que no me conozco, que soy otra persona sin remedio, un trozo de papel emborronado, una fecha pasada, un mal recuerdo que no se me ha perdido. A veces, trato de mirar a través de las cosas, porque alguien me dijo que hay que ver más allá, y yo me empeño en seguir lo que dice la gente, como ir detrás de un tal Vicente, a quien no conozco. Desconozco si soy hombre, mujer, niño, animal o cosa. A estas alturas lo que menos importa es "ser". Hay una música que me llega cada mañana, me recuerda tu ausencia, o la mía. No sé dónde se han escondido los recuerdos, Si los encuentras me los traes urgente y sin demora. No es f...

Sorbos

Aromas de otros lugares, la tarde vestida de rojo fuego, el frío se ha quedado fuera. Las manos entran en calor bajo las luces tenues de otros tiempos. Se enredan confidencias en el hilo de un millón de risas, las penas se diluyen con la infusión desconocida. Repetimos hazañas, entre sorbos de vida. Carmen Martagón ©

NOSTALGIA

Siempre habrá alguien que no entienda la nostalgia, que la confunda con resquemor, pena, o tristeza; alguien que se empeñe en que el futuro nos alimenta, alguien que describa frases sacadas de un baúl, para hacer del presente, y el después, lo más adecuado. Pero, a mí me puede la nostalgia, esa que te ronda como la brisa fresca del otoño, esa que mueve las cortinas y asoma a la vida. Nostalgia de aromas conocidos, voces ausentes, nostalgia del abrazo, la mirada, del calor del regazo materno, la mano que se aferra a la vida. Añoranza de esa inocente mentira de los magos que llena de ilusión la piel y las pupilas.            Seguro hay quien me piensa doliente, detenida en el tiempo, pensando en el ayer, ¡nada más lejos! Me gusta regresar un instante, para que el día me sorprenda como niña, me recuerde la mirada de mi abuelo, sus manos recias y cansadas, sus lecturas en madrugadas insomnes, o el beso transparente de la...

Despertar

Acurrucarme en tu pensamiento, hacerme pequeñita en tus manos, ser piel con piel, ser beso en la boca, ser yo misma en el abrazo interminable.  Despertar al amor cuando ya no se espera; la mirada había perdido intensidad, desapareció la capacidad de respuesta al deseo, en el instante cómplice de auroras, olvidada la piel ante cualquier caricia. Despertar entre dudas y temores, transformando en música los recuerdos presentes y ausentes, adormecidos los rumores que deja el desamor cuando cierra la puerta. Escribir en versos el dolor, entretejiendo rimas en la soledad de los días, cocinando lágrimas a fuego lento mientras pasan los minutos y se alargan las noches. Acurrucarme en este amor maduro, que rejuvenece la carne en el encuentro, embellece la sonrisa, envuelve en levedad lo que acontece, te mantiene en pie ante las sacudidas del destino, y te acalora el cuerpo, la soledad y el alma. Carmen Martagón © Foto: Rocio Escudero Alfonso

Desafío...

Hemos perdido el miedo a la rutina, nos acurrucamos como niños entre las mantas del viejo sofá.  A ratos, un par de miradas sin mediar palabra, solo saber que estamos, evitar a la memoria el esfuerzo de recordar la forma de tu boca, la nívea claridad de tus canas asomando entre los rizos, donde se enredan mis dedos todavía. Hemos aprendido a entrelazar los pies, a unir nuestras piernas mientras nos rinde el sueño; nudos corredizos, bajo la levedad del plumón de invierno. Mi cabeza en el hueco de tu pecho, tu brazo que rodea mis huesos, las palabras de amor antes de dormir, esas que mecen los días difíciles, la sonrisa, el mejor remedio de todos los males. En el sueño, no somos más que el calor de los cuerpos desafiando al invierno y la costumbre. Carmen Martagón ©