Ir al contenido principal

CAJÓN DEL OLVIDO

Hoy apareció, en el cajón revuelto del olvido, 

aquel recordatorio inmaculado de mi primera comunión.

Es un cajón extraño, pareciera que está vivo;

en su interior aguarda, esperando regresar a la vida, un viejo móvil desmontado,

hay unas cuantas pilas ya gastadas,

el blanco papel, con la receta de roscos de mi abuela, 

diez o doce botones de nácar 

y las gafas pequeñas, desechadas a golpes de estirón de adolescencia.


Alguna vez guardé el antiguo libro de familia 

entre las piezas sueltas de los Lego, 

me olvidé de sus letras, de las páginas tristes

donde aún reza, que nos habíamos casado, 

que tuvimos dos hijos, frutos de un amor real, 

un amor que estuvo vivo, 

antes de la revuelta de emociones

en la que quedó lo nuestro. 


Encontré en el cajón un carnet viejo, 

de cuando alguna vez hice deporte, 

un lazo azul del último regalo de mi madre, 

ella sí es capaz de adivinar mi color favorito, 

conoce cómo me abrigo el cuello en primavera, 

o cúanto me preocupa que se pierdan sus pasos en cualquier madrugada;

ella es capaz de sentir cuando yo siento, sufrir cuando yo sufro 

y sentarse a esperar, a mi lado, que pase la tormenta, 

ella es la que sabe todo de mis lágrimas

y adivina, sin querer, la razón de mis suspiros. 


Carmen Martagón © 


Comentarios

  1. También tengo un cajón similar al tuyo, donde revuelvo de tarde en tarde y encuentro casi las mismas cosas que tú. Pero en tu caso, y por encima de todo, es la presencia inmaterial de tu madre quien todo lo preside desde su silencio. Una preciosidad, Martagona.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

CANELA EN RAMA

"Canelita en rama eres mi niña bonita..".  Aquella tarde le vino a la memoria esa frase tan escuchada cuando pequeña. Estaba preparando un arroz con leche para sus nietos y había puesto los ingredientes sobre la mesa. El limón para echar la corteza en la leche, la canela en rama y el azúcar... De pequeña no sabia que significaba aquella frase que su abuela le decía, cada vez que preparaba arroz con leche o torrijas y usaba la canela como ingrediente. Ella siempre quería ser quien alcanzara, en la alacena de la cocina de su abuela, el bote de cerámica donde se guardaba la canela en rama. Para hacerlo se subía en la silla verde lacada, con finas patas de aluminio que parecía iban a romperse al sentarse, y se empinaba para llegar a él, siempre bajo la atenta mirada de la abuela. Cuando conseguía abrir el bote le pasaba las ramas de canela y su abuela repetía la frase acariciando su mejilla. - ¿ Qué significa eres canelita en rama mamá?.- Preguntó un día a ...

Pertenencia

Nada nos pertenece,  ni en la vida, ni en la muerte.  Somos efímeros: gota de agua,  flor cortada,  hierba de otoño,  hojas caducas,  viento del este.  Nos han prestado este tiempo indefinido,  no sabemos cómo ni #por qué, ni sabemos cuánto ni cuándo,  y nos pasamos las horas, los minutos, los segundos: airadas, ansiosos, expectantes,  somnolientas, celosos, aburridas,  impacientes, violentos, recelosas…  se nos pasan los instantes sin poder respirar o inhalando a contratiempo.  Nada nos pertenece, ni nuestra propia existencia,  estamos aquí  viviendo ausentes,  olvidando esas pequeñas cosas  que deberían importarnos de verdad.  Carmen Martagón 

RECUPERAR LOS DÍAS

Escribo para espantar a los fantasmas, para luchar contra los miedos que acechan el futuro; escribo para traer luz en los días de sombras, como forma de olvidar el dolor y guardar el pasado en el cajón de lo vivido.  Escribo por cada una de las horas que he desperdiciado, para recuperar los días de algún mes favorito y desquitarme así de los fracasos y errores,  del mal humor que acecha en cualquier esquina, me envuelve, y me transforma en un ser que desconozco.  Escribo para ocupar los escasos segundos restantes de mi tiempo, los huecos que el desaliento deja en el costado, quizás para ofrecer a los míos un trocito de mí, apenas unos gramos del roce de esta piel que ya no reconozco.  Escribo para no dormir el sueño de los justos, para no avivar las injusticias, para poner en palabras lo que siento y evitar que se pudra el sentir, en un rincón de mi memoria.  Escribo para despertar al amor, a la pasión, al desaliento, al pobre, al estudiante, al exiliado, a la m...