Ir al contenido principal

El Rosario

Ya antes había enseñado el Rosario, perteneció a mi bisabuela, que lo heredó de su madre. Mi bisabuela era María, la madre de Valentina. Casi doscientos años de unas cuentas de azabache, engarzados en un metal ya estropeado con los años. Mi abuela me lo entregó a mí.

Con el tiempo, me contó mi madre que la bisabuela no llegó a tiempo para ponerlo en las manos de Valentina, antes de su entierro. No era fácil cruzar la frontera en aquellos años de posguerra.

La historia de Valentina está entre los relatos de mi libro Equipajes sin Nombre.

Hace unos años escribí un poema para mi bisabuela María y ese rosario, aquí os lo dejo, junto a la frase elegida para la preciosa Exposición de Retratos de Rocio Escudero Alfonso @rocio.escuderoalfonso #porlaSangredeEva.

Rosario

Cuentas sin saldar pedidas a la vida,
retahíla aprendida,
cosida en la niñez a tus recuerdos.

Oscuras cuentas, engarzadas de fe, caen una a una,
sobre la falda gris del desconsuelo.

Cuentas el dolor,
mientras la letanía se enlaza entre tus manos
exponiendo, uno a uno, todos los misterios.

Cuentas los silencios, la distancia, los miedos,
los pasos desandados, el tiempo...
Surcan las arrugas tu frente de nácar,
la memoria frágil se enreda en los dedos.

Carmen Martagón ©

Comentarios

Entradas populares de este blog

CANELA EN RAMA

"Canelita en rama eres mi niña bonita..".  Aquella tarde le vino a la memoria esa frase tan escuchada cuando pequeña. Estaba preparando un arroz con leche para sus nietos y había puesto los ingredientes sobre la mesa. El limón para echar la corteza en la leche, la canela en rama y el azúcar... De pequeña no sabia que significaba aquella frase que su abuela le decía, cada vez que preparaba arroz con leche o torrijas y usaba la canela como ingrediente. Ella siempre quería ser quien alcanzara, en la alacena de la cocina de su abuela, el bote de cerámica donde se guardaba la canela en rama. Para hacerlo se subía en la silla verde lacada, con finas patas de aluminio que parecía iban a romperse al sentarse, y se empinaba para llegar a él, siempre bajo la atenta mirada de la abuela. Cuando conseguía abrir el bote le pasaba las ramas de canela y su abuela repetía la frase acariciando su mejilla. - ¿ Qué significa eres canelita en rama mamá?.- Preguntó un día a ...

Pertenencia

Nada nos pertenece,  ni en la vida, ni en la muerte.  Somos efímeros: gota de agua,  flor cortada,  hierba de otoño,  hojas caducas,  viento del este.  Nos han prestado este tiempo indefinido,  no sabemos cómo ni #por qué, ni sabemos cuánto ni cuándo,  y nos pasamos las horas, los minutos, los segundos: airadas, ansiosos, expectantes,  somnolientas, celosos, aburridas,  impacientes, violentos, recelosas…  se nos pasan los instantes sin poder respirar o inhalando a contratiempo.  Nada nos pertenece, ni nuestra propia existencia,  estamos aquí  viviendo ausentes,  olvidando esas pequeñas cosas  que deberían importarnos de verdad.  Carmen Martagón 

Matemáticas

No me salen las cuentas, me acostumbré a contar con los dedos; ahora, con las manos repletas de letras me faltan el pulgar y el índice para sumar instantes. Me sobran sueños, me sobran miedos, me sobran riesgos, me sobran ideas, y me falta esa forma infantil de contar, mientras bailan los números en mi cabeza. No me salen las cuentas, si me llevo dos, siempre me sobran pensamientos, si resto, siempre me falta algún verso. Y me sobran espacios en blanco, me sobran leyes, me sobran mentiras, me sobran odios, y me falta siempre un abrazo de los míos, en las horas de obligada distancia.  No me salen las cuentas, enlazo relatos en la memoria mientras reto a la página en blanco, y la enfrento,  le cuento historias, anécdotas, recuerdos, y me salto algún renglón donde esconder la pena. En el doblez de otro cuaderno  habré guardado las lágrimas, las muchas que me desbordan, las muchas que escondí mientras seguía el cauce de este río de la vida  donde debo aprender a lavar la...