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LA MIRILLA


Se me olvidó que el viento no detiene su marcha entre las callejuelas,
que el segundero se mantiene imparable aunque el reloj se detenga,
se me olvidó que tú eras ave de paso
y yo un simple apeadero,
un lugar donde pararse a mirar ofreciendo un suspiro,
robando tiempo al tiempo. 


Me despistó el atardecer de invierno cobijada en tu pecho,
el sonido que sacaban tus manos de la madera nueva,
me perdí entre notas, copla y cante y me dormí en tu cuerpo,
desperté cuando marchaba el tren
llevándose mis sueños.

Sigo viniendo cada madrugada a escuchar el silencio,
el crujir de las viejas traviesas, los raíles sin tiempo.
El viento se ha colado en el fondo de mi vieja maleta,
me ha revuelto la tristeza y las ganas de comenzar de nuevo.

He olvidado cerrar la mirilla del corazón abierto,
por si quiere asomar otro amor;
otro abrazo, otro cuerpo,
que cobije estas ganas de amar,
en el viejo apeadero.

Carmen Martagón ©

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