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Para mi Carmen


Además de tu sangre, tu nombre,
el hogar de tu cuerpo de abuela,
la sabiduría en tus manos de madre,
la inmensa serenidad de tus ojos
que se ha quedado guardada en mi alma. 


Cada vez que recuerdo la paz que me dabas,
el blanco de tu piel y el azul de tu mirada,
me parece que nunca te fuiste
que estarás en mi vida por siempre.

Hoy, se celebra tu nombre en el mundo,
yo celebro el haberte tenido,
el haber disfrutado tu risa,
la ternura en forma de palabras,
y el cariño naciendo en tu pecho.

Llevo tu nombre abuela,
en el mío y en cada pensamiento,
porque nunca dejaré de amarte,
hasta el fin de mis días TE QUIERO.

Carmen Martagón Enrique ©

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