Ir al contenido principal

Realidades...


No sólo espero vivir realidades,
necesito ser alondra libre,
necesito ser mar y tempestades,
ser viento, brisa y pasión en cada
tarde... 

Necesito ser y vivir un sueño
amar sin esperar, acurrucarme,
sentir que el corazón no tiene dueño,
no dormir, no estar, no ser de nadie.

No necesito que amarres mi vida
necesito liberar mi alma,
que escriba la pluma palabra sentida
vivir cada día sintiéndome en calma...
Necesito ser yo, más yo cada día
más risa, más piel, más sentir, más viva...
Que la realidad sea mucho más mía
déjame volar, que el amor me reviva... 

Me hace falta soñar y que me sueñen
me hace falta vivir y que me vivan
me hace falta ser mar y tempestades, 
necesito ser sal en esta orilla...

Texto y fotos: Carmen Martagón ©

Comentarios

Entradas populares de este blog

CANELA EN RAMA

"Canelita en rama eres mi niña bonita..".  Aquella tarde le vino a la memoria esa frase tan escuchada cuando pequeña. Estaba preparando un arroz con leche para sus nietos y había puesto los ingredientes sobre la mesa. El limón para echar la corteza en la leche, la canela en rama y el azúcar... De pequeña no sabia que significaba aquella frase que su abuela le decía, cada vez que preparaba arroz con leche o torrijas y usaba la canela como ingrediente. Ella siempre quería ser quien alcanzara, en la alacena de la cocina de su abuela, el bote de cerámica donde se guardaba la canela en rama. Para hacerlo se subía en la silla verde lacada, con finas patas de aluminio que parecía iban a romperse al sentarse, y se empinaba para llegar a él, siempre bajo la atenta mirada de la abuela. Cuando conseguía abrir el bote le pasaba las ramas de canela y su abuela repetía la frase acariciando su mejilla. - ¿ Qué significa eres canelita en rama mamá?.- Preguntó un día a ...

El último viaje

         Pasaba los días en aquel andén, repartiendo sonrisas y regalos a todas las personas que se cruzaban con él; siempre con su disfraz de payaso, su cara pintada y su nariz roja. Vestía pantalones con tirantes, camiseta blanca, y colgado al cuello, sobre el pecho, un enorme reloj, casi tan grande como el de aquella estación de cercanías. Su cara era amable, con una mirada luminosa, tan singular como su sonrisa pintada.  En ese tiempo entre viajeros con prisas, podía recibir distintas atenciones de ellos, un desprecio, un insulto, una mirada colérica, el llanto de un niño que se sobresalta al verle, la reprimenda de la mamá, el papá o la abuela por haber asustado al niño; él siempre regalaba una sonrisa, aunque aquellas reacciones le causaran una profunda tristeza.          Como buen payaso, lo que le hacía llorar de emoción era la devolución amable de una sonrisa, un gracias al reco...

En la memoria

Guardará la memoria de los míos ese tiempo feliz de la presencia, las risas sin sentido, o el cielo azul en días de playa.  Guardarán las horas de abecedario mal aprendido, las cuentas de restar donde llevas más que traes, donde sumas lágrimas,  y multiplicas caricias de consuelo. Recordarán ese tiempo infinito de mi mano, los rayos de sol calentando la vida, los ladridos felices por el campo.  Quizás, rememoren instantes donde el agua atravesaba la montaña y llegaba a nuestras manos como espejo, la sierra, por febrero, que verdea,  en casitas blancas escondidas, donde adivinar el vivir del interior. Quizás nunca olviden mis palabras de aliento, el amor compartido al calor del hogar y del abrazo, la mano que empuja, la sonrisa que anima,  el consejo velado en confidencias.  Quizás, solo quizás, no olviden que les amé desde el alma,  como solo saben amar los que dan alas,  a quienes quieren emprender el vuelo.  Carmen Martagón ©