Ir al contenido principal

A gritos


Te llamo a gritos, elevando la voz, 

por encima de los tambores que llaman a pasión, a redención, a misericordia, o a santidad. 

Te llamo a gritos para que regreses,

olvidé rezar, en las vueltas crueles de la vida,

en los tiempos que pensamos no alcanzan,

mientras afloran candados en el pecho.


Agotadas las lágrimas, con la mirada turbia,

cuando duele el silencio más vivo que el viento,

te llamo a gritos, 

con la boca cerrada, los dientes apretados y el corazón roto. 


Elevo la voz, entre misterio, recogimiento y resurrección,

en estos días de júbilo y fe que no me alcanzan. 

Vaga mi pensamiento para creer y no creer,

sentir y no sentir,

entre la rabia y la pena de

extrañar tu tierna mirada ausente en cualquier parte. 


Te llamo a gritos,

entre las paredes vacías de mis miedos;

no es hora del sueño eterno,

ni el de los justos. 

¡Despierta!

Hay que seguir, 

prometo contarte, escucharte, sentirte

y dejarte marchar cuando el alma cansada lo demande. 


Quédate un poco más para el abrazo,

no pido la eternidad, pido un minuto

para llenar de ternura mis mañanas,

en ese "buenos días", tan cotidiano,

que hace de lo nuestro, amor sin más. 


Carmen Martagón 




Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

CANELA EN RAMA

"Canelita en rama eres mi niña bonita..".  Aquella tarde le vino a la memoria esa frase tan escuchada cuando pequeña. Estaba preparando un arroz con leche para sus nietos y había puesto los ingredientes sobre la mesa. El limón para echar la corteza en la leche, la canela en rama y el azúcar... De pequeña no sabia que significaba aquella frase que su abuela le decía, cada vez que preparaba arroz con leche o torrijas y usaba la canela como ingrediente. Ella siempre quería ser quien alcanzara, en la alacena de la cocina de su abuela, el bote de cerámica donde se guardaba la canela en rama. Para hacerlo se subía en la silla verde lacada, con finas patas de aluminio que parecía iban a romperse al sentarse, y se empinaba para llegar a él, siempre bajo la atenta mirada de la abuela. Cuando conseguía abrir el bote le pasaba las ramas de canela y su abuela repetía la frase acariciando su mejilla. - ¿ Qué significa eres canelita en rama mamá?.- Preguntó un día a ...

Silencio

 Silencio  “Se bebe té para olvidar el ruido del mundo”. T’ien Yiheng. Silencio  Hay demasiado ruido alrededor,  ruido innecesario y perturbador que te aleja de ti misma,  necesitas instantes donde encontrarte, instantes para buscar el silencio mientras escondes el grito atronador del dolor.  Hay demasiadas voces a la vez  te dicen si puedes o no, si estás o no, lo que debes hacer cada minuto.  Hay demasiadas voces de este mundo,  dejando mudo el pensamiento, atacando cada palabra no dicha, tratando de ocupar todo tu ser. Naciste más cerca del silencio, tu llanto de entonces ya no se recuerda, y ahora necesitas beberte a sorbos el ruido  y que todo esté mudo y callado, para pensarte y sentirte, para que nadie más te sienta.  Necesitas quedarte ausente algún tiempo, mientras los gritos se apaciguan  mientras el dolor se diluye en una taza de dulzura, en unas gotas de ausencia, en una leve sonrisa… o en un ritual que nadie entien...

Sonríe

                Claudia elegía cada  mañana una nueva sonrisa; cada tarde, las sombras de miedo se la borraban, cuando escuchaba el ruido de la llave en la cerradura.            Tenía guardadas en un cajón sonrisas diferentes para cada ocasión: una agradable para saludar a sus vecinos cuando bajaba a comprar el pan, la sonrisa enorme para recoger a su pequeño del colegio a las dos de la tarde o bien esa otra más serena cuando abrazaba a su madre al encontrarse con ella para un café. Ninguna de ellas le servía cuando él llegaba a casa del trabajo, las había probado todas, durante años, pero no eran válidas.              Cuando Claudia y Marcos se conocieron él le decía que adoraba su sonrisa infantil; después de unos años de noviazgo siempre aseguraba adorar esa mueca pícara, de mu...