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Ausentes

Marcharon en silencio, 

apenas un último suspiro se confunde

con nuestras lágrimas de ausencia.

Marcharon en paz con la vida,

sin detenerse a pensar en lo inconcluso,

en lo olvidado en el primer cajón,

en la ropa que yace doblada en la cómoda,

o el pañuelo que nunca se aireará al calor de la tarde.


Marcharon, con la mirada perdida,

buscando la mano añorada que regresa,

el afecto que viene a guiar el último viaje,

exhalando la vida entera en un rezo, 

una sonrisa, una mirada de amor, 

un apretón de manos, 

como el brindis amigo del último minuto. 


Nosotros quedamos, extrañando las risas, los abrazos, 

las charlas interminables o los silencios, 

extrañando los minutos compartidos, 

en esta vida incierta, 

donde la única certeza es morir, 

pasar al otro lado, 

terminar siendo añoranza en los corazones amados, 

lámpara viva que nos ilumina,

el calor resumido en un abrazo, 

el beso de buenas noches 

o esa anécdota contada una y mil veces, 

con el sabor agridulce del recuerdo. 


Carmen Martagón © 

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