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Madre…



¡Qué grande mi madre! Aunque vaya descalza
qué alta me parece cuando me vigila desde la ventana.

¡Qué pequeña mi madre! Aunque siempre fue alta,
Mientras llora encogida, tras los últimos gritos de la fiera malvada.

¡Qué frio está tu cuerpo!
¡qué fría está tu cara!
Son de mármol las manos que desde pequeña ya me acariciaban.

No me abandones madre,
no quiero que te vayas,
que se marche la fiera,
que te hizo daño, madre,
mientras juró te amaba.

No me abandones madre,
no quiero que te vayas,
que se quede la risa,
el cuento a medianoche,
la luz en tu mirada,
que se marche la sombra
que debió defendernos
mientras que te mataba.

Carmen Martagón ©

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