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Manos arriba



Arriba las manos...
sujeta mi cielo, mi tiempo, mi aire,
aguanta la queja, el dolor y el olvido,
admite mis faltas,
que si no he cambiado fue sólo tu causa.


Arriba las manos...
soporta la carga que quieran ponerte,
resígnate a ser lo que otros te asignan
y sé tolerante,
que está muy mal visto quejarse de vicio;
y sufre en silencio, que nadie te escuche,
siempre te lo han dicho.

¿A que bajo las manos?

Que se caiga ese cielo sobre las cabezas del egoísmo,
que aplaste las maldades de la intolerancia,
que limite el tiempo de los mal nacidos,
y entierre por siempre
a quien mata por vicio.

Bajemos las manos,
para no sujetar al ladrón de cariño,
ni al que se dice honrado
y le roba a los niños
el oro más preciado,
la sonrisa, la inocencia,
ese tiempo dorado del juego sin peligro.

¿A que bajo las manos?
Para no sostener este juego maldito
que no se detiene, arranca las vidas
y acaba en olvido.

¿Bajamos las manos?

Mejor subimos los brazos
y gritas conmigo...

Texto: Carmen Martagón ©

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