no jugué más porque ya era tarde
y se quedó incompleta la baraja...
y se quedó incompleta la baraja...
Quedó el oro que en las manos reluce
y empequeñece el corazón de quien se ciega,
quedó el palo de la basta madera,
esa que nunca talló la mano diestra.
y empequeñece el corazón de quien se ciega,
quedó el palo de la basta madera,
esa que nunca talló la mano diestra.
Alguna vez jugué todo a una carta,
sin recordar los guiños que seguía,
me jugué la vida, los retos y los sueños,
jugué sin saber que jugando perdía...
sin recordar los guiños que seguía,
me jugué la vida, los retos y los sueños,
jugué sin saber que jugando perdía...
Foto: Rocío Escudero Alfonso ©
Texto: Carmen Martagón ©

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