
Y la noche ha ido pintando de negro la ciudad..
A lo lejos sólo veo el
color anaranjado de las luces de la urbe, que parecen parpadear, y me
hacen imaginar que la vida fluye, que sigue. Me dicen que algunos
duermen, otros deambulan por su casa, otros leen, ven la tele, se aman,
se odian, se añoran, lloran, ríen, sueñan.
Los minutos pasan y encaminan la noche hacia la madrugada primero, hacia el amanecer después...
(...)
Y el día ha ido llenando de colores la ciudad...
El cielo se ve surcado de
nubes y el sol tímido y asustado se esconde para no enfurecer al
invierno.. Las luces se han apagado, la vida poco a poco empieza a
fluir en las calles húmedas del rocío que asomó de madrugada, ese que da
vida a la tierra en las primeras horas del amanecer.
Y veo el transitar de la gente, despacio, relajado, sin el ajetreo semanal, pausada jornada de domingo. De nuevo imagino en las casas momentos diversos, desayunos solitarios, bullicio de niños y tostadas, amores que desperezan tras noches de amor... Y de nuevo un libro, un café, risas, llantos, odios, amores, sueños y despertares...
Y el día se encamina hacia el atardecer, de colores rojos y anaranjados, que darán paso a las horas oscuras del anochecer.
Texto y foto: Carmen Martagón ©
Texto y foto: Carmen Martagón ©
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