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Diferente

Extraña, rara, forastera, diferente... Siempre he sido de gustos diferentes, por ejemplo: me gusta el café solo y sin azúcar, la playa en pleno invierno con el azote del viento, un rato de silencio absoluto o el color verde. Disfruto en compañía de niños y mayores, haciendo crucigramas, escribiendo un relato breve y escuchando tararear a mis hijos alguna canción de esas que les gustan. Suelo escuchar más que hablar, no soy de dar consejos y tampoco soy buena al recibirlos. Me alegro con lo bueno que le pasa al mundo y no creo tener enemigos o personas que me odien, aquellos que se alejan de mi vida los traslado al plano de "no ser" o "no existir", pero sin rencores. Me gusta más el día que la noche, un paseo a media tarde, escuchar a los mayores, las mañanas frescas del otoño y los tonos marrón que esa estación nos regala. Me gustan las fotos desenfocadas, los días nublados y la lluvia en los cristales. Adoro las flores amarillas, las amapol...

Respirar

Respirar otoño desde la ventana, las idas y venidas, los sueños que se marchan, la mano que dice adiós, la vida que no se detiene... 

Estrellas

Cuentan que, cuando los niños y mayores se van a dormir, las estrellas juegan entre ellas hasta que la luna las pone en orden. Cuentan que, algunas siguen entre las nubes y se hacen señales, alumbrando el firmamento para jugar al escondite. Otras, más traviesas, aprovechan la cara oculta de la luna para mirarse en ella y pintarse los labios de rojo pasión. Hay unas cuantas que hacen equilibrios en el firmamento. Oye, ¡y lo hacen tan bien!, que en las noches sin luna y sin nubes, podrían simular un carro...  ¡Así de traviesas y creativas son! ¿Las has visto alguna vez? Unas veces, son demasiado rápidas y fugaces, otras veces lentas y tranquilas. Incluso, se detienen a mirarnos y son capaces de guiñarte un ojo. Esas son las más coquetas... Esta noche búscalas desde tu ventana, asómate a su mundo de hermosa oscuridad, es un espectáculo ver el brillo en sus miradas...

Tiempo vivido

Sobre la almohada he dejado un sueño, susurro, suspiro, lágrima. Las arrugas me marcaron las manos apretando el dolor, el amor y el deseo. Sobre las sábanas he abandonado el olor a recuerdos, el calor de mi cuerpo a tu lado, el frío de cada invierno donde la piel ha notado la ausencia. Sobre el vientre cicatrices, cordón umbilical de aferrarse a la vida, marcas de hija y de madre que se quedan conmigo. Nunca se marchan. Señales de agua y luz, bañadas en almíbar de lágrimas, canciones de cuna y cuentos, la vida y yo, la vida y tú, la vida y ellos. Todo mi tiempo.

NACER AL AMOR, UN CÁLIDO VERANO

Cuando me miro en tus ojos, pienso que me hubiera gustado verte llegar a mi vida un cálido verano. Te preguntarás ¿por qué razón? No hay una sola razón, hay muchas. La primera, haber podido disfrutar nuestros encuentros, recién estrenados, durante las horas del estío. Desear que hubieran sido más largas las horas, y esos instantes para conocernos que irán marcando nuestra vida juntos. Me hubiera gustado dormitar bajo la sombra de un árbol, con el calor de tu cuerpo sobre el mío. Descubrir contigo el azul más brillante del cielo, ese que, desde tu llegada, cobija este amor infinito. Qué hermoso habría sido verte abrir los ojos, en esas mañanas cálidas y somnolientas, después de algunas noches dormitando a ratos, sintiéndote a mi lado, reclamando mi presencia.  Tener la dicha de pasear, solos o acompañados, con el rumor del mar a lo lejos. Deleitarnos con el dulce calor de la arena, en los primeros arranques del día, o cuando el sol se esconde en los atardeceres. Me hu...

Cuatro elementos...

Fue tierra mi cuerpo mientras te buscaba, agua fue mi sangre, torrente sin calma, mi aliento era el aire que hasta ti llegaba. Fuego en mi espíritu, quemando mi alma. Me perdí en la hoguera de tantas pasiones, mi cuerpo de tierra se volvió de sangre, se perdió el aliento en mil emociones, sacié con tu cuerpo mi sed y mi hambre. Volveré a buscarte... tiempo detenido, volverá el otoño mientras no te olvido, volverá la vida, la que no he vivido volveré a la tierra, al cielo y a rio. Carmen Martagón ©

Y la vida herida...

Yo aquí, escribiéndote, Tú allá borrándote. . . . . . Jaime Sabines  Y LA VIDA HERIDA Y yo que dibujé con tinta indeleble, las líneas de esta vida juntos, y que remarqué de azul fluorescente mis días contigo, me quedo esperando. Espero sin miedo, manchando de sueños el blanco papel inmaculado, pensando escribir la historia de este amor de libro, de este triste sueño en que tus ausencias nos han convertido. Tú, sigues marcando distancia, haciéndote invisible. Y yo, sigo aquí, junto al mar, escribiendo tiempos, pegada a la orilla, con la cuerda rota y la vida herida. Carmen Martagón ©