viernes, 29 de septiembre de 2017

Tiempo vivido


Sobre la almohada he dejado un sueño,
susurro, suspiro, lágrima.
Las arrugas me marcaron las manos
apretando el dolor, el amor y el deseo.

Sobre las sábanas he abandonado el olor a recuerdos,
el calor de mi cuerpo a tu lado,
el frío de cada invierno
donde la piel ha notado la ausencia.

Sobre el vientre cicatrices,
cordón umbilical de aferrarse a la vida,
marcas de hija y de madre que se quedan conmigo.
Nunca se marchan.

Señales de agua y luz, bañadas en almíbar de lágrimas,
canciones de cuna y cuentos,
la vida y yo,
la vida y tú,
la vida y ellos.

Todo mi tiempo.

sábado, 26 de agosto de 2017

NACER AL AMOR, UN CÁLIDO VERANO



Cuando me miro en tus ojos, pienso que me hubiera gustado verte llegar a mi vida un cálido verano. Te preguntarás ¿por qué razón? No hay una sola razón, hay muchas. La primera, haber podido disfrutar nuestros encuentros, recién estrenados, durante las horas del estío. Desear que hubieran sido más largas las horas, y esos instantes para conocernos que irán marcando nuestra vida juntos. Me hubiera gustado dormitar bajo la sombra de un árbol, con el calor de tu cuerpo sobre el mío. Descubrir contigo el azul más brillante del cielo, ese que, desde tu llegada, cobija este amor infinito.
Qué hermoso habría sido verte abrir los ojos, en esas mañanas cálidas y somnolientas, después de algunas noches dormitando a ratos, sintiéndote a mi lado, reclamando mi presencia. 
Tener la dicha de pasear, solos o acompañados, con el rumor del mar a lo lejos. Deleitarnos con el dulce calor de la arena, en los primeros arranques del día, o cuando el sol se esconde en los atardeceres.
Me hubiera gustado, hijo mío, haberte parido una hermosa noche de julio. Una de esas, en las que la brisa trae el sabor salobre de las lágrimas; de esas, en las que los grillos arrullan la salida de la luna sobre los parques. Las noches claras, donde los coros de chiquillos cantan canciones de todas las infancias. 
Tú, y solo tú, si hubieras llegado a mi vida en la estación más cálida, te habrías convertido, sin duda, en mi gran amor de verano.

Carmen Martagón 

miércoles, 2 de agosto de 2017

Cuatro elementos...

Fue tierra mi cuerpo mientras te buscaba,
agua fue mi sangre, torrente sin calma,
mi aliento era el aire que hasta ti llegaba.
Fuego en mi espíritu, quemando mi alma.


Me perdí en la hoguera de tantas pasiones,
mi cuerpo de tierra se volvió de sangre,
se perdió el aliento en mil emociones,
sacié con tu cuerpo mi sed y mi hambre.

Volveré a buscarte... tiempo detenido,
volverá el otoño mientras no te olvido,
volverá la vida, la que no he vivido
volveré a la tierra, al cielo y a rio.

Carmen Martagón ©

Y la vida herida...

Yo aquí, escribiéndote,
Tú allá borrándote.

. . . . . Jaime Sabines 

Y LA VIDA HERIDA

Y yo que dibujé con tinta indeleble,
las líneas de esta vida juntos,
y que remarqué de azul fluorescente mis días contigo,
me quedo esperando.

Espero sin miedo,
manchando de sueños
el blanco papel inmaculado,
pensando escribir la historia de este amor de libro,
de este triste sueño
en que tus ausencias nos han convertido.

Tú, sigues marcando distancia,
haciéndote invisible.
Y yo, sigo aquí,
junto al mar,
escribiendo tiempos,
pegada a la orilla,
con la cuerda rota
y la vida herida.

Carmen Martagón ©

Quedarse a solas...

Me quedó:
el abrazo sincero de mi madre,
el silencio arropador de mi padre,
la risa de mis hijos,
el beso en el pasillo de mi amante.


Me quedó:
la riña especial de mis amigas,
la mano salvadora de otras tantas,
la fuerza para seguir adelante.

Me ha quedado la posibilidad de vivir
que se le ha negado a los ausentes.

Creo que, al final, lo tengo todo,
en realidad, lo que perdí nunca fue mío.

No se pierde o se gana,
cada minuto robado al tiempo es una ganancia.

Carmen Martagón

Menos paso...


Se clava la saeta en las entrañas,
los candiles alumbran nuestras penas,
dormidas ya, por cualquier madrugada.

La vela no pone rumbo conocido,
se quedará esperando nuevas primaveras,
para lucir su llama un año más,
su llama eterna...

El humo del incienso purifica el ambiente,
llenando la ciudad de un olor nuevo.
Volver a ser niño entre azahares,
recordar un tiempo de limpias carreras
y olor a canela en las viejas cocinas.

El racheo templado bajo los costales,
que eriza los sueños de oscuros rosarios,
suenan bambalinas, cornetas, tambores,
se santiaga el alma y reza el creyente,
húmedas miradas que esperan, que mecen.

Se aguantan las nubes,
retumban tambores en las madrugadas,
duelen los costados, arden las espaldas,
la madre y el hijo,
la mujer y el hombre,
las penas, caídas, el puente, "bofetá", las aguas
y es nuevo perdón que nunca te falla.

Ten misericordia,
ten fe y esperanza,
puede que no venzas,
pero si hay amor,
hay paz en el alma...

Paso a paso,
llegar al destino que siempre es distinto,
sin llegar al cielo, sin doblar la espalda,
mirando de frente,
sin prisa y en calma...

Carmen Martagón ©

Astillas


Equilibra mi mundo,
deja que me agarre a tu cuerpo,
aunque ya no seas tú,
cuando la sombra callada de lo que fuiste
se pierda en el agua
y asome entre las olas
dejándote ver,
en este ocaso de cielos rosáceos.

Has vivido, con la intensidad de la recia madera,
llevando sombra, clamando al viento,
acariciando nubes con fornidas ramas,
acogiendo en tus brazos
las almas que descansan
tras el vuelo más largo.

Se forjaron, bajo tu inmensa copa,
los amores más tiernos,
las sinceras promesas de sueños incompletos
y, quedaron, bajo el natural cobijo de tu cuerpo,
corazones y letras enlazadas,
donde habita el pasado más reciente.

Tú, naturaleza muerta,
reflejo de mil vidas que se acaban,
me dejarás descansar entre las grietas
que el tiempo esculpió volviendo astillas.
Yo, me adentraré despacio en este mar
que sabe a soledades
y al salobre sentir de madrugadas.

Carmen Martagón ©

domingo, 2 de julio de 2017

Llueve la vida

Hoy llueven versos,
y entre las líneas que empapan mi cuaderno,
—ése pequeño,
de pastas amarillas—
he leído tu nombre.


He recogido las estrofas de los charcos,
antes de que los niños salten
y enturbien los recuerdos de tu risa,
los árboles hidratan sus hojas
para escribir en ellas
los juegos de infancia de los parques,
aquellos besos a escondidas
bajo su tronco olvidado y centenario.

Sobre el columpio,
se escribieron las risas de luna
en nuestras tardes de niñas,
y entre la arena,
donde jugábamos a ser madres,
la comida me ha sabido salobre,
como las lágrimas.

Hoy llueven cuentos,
la casita no es de chocolate
pero no perdió el olor a infancia,
la inocencia del primer sonrojo,
el asombro ante la caricia,
la sonrisa muda tras el primer beso,
ése que apenas roza la comisura
y que se queda para siempre
prendido entre los dedos.

Hoy me llueve la vida,
sobre las líneas de esta piel
en cuarentena,
sobre el dedo anular hoy despoblado,
sobre el papel que ya apenas recuerda
a esa niña, que escribe entre las nubes
la historia de aquel beso,
con sabor a regaliz
y a dulces sueños.

Carmen Martagón ©

Distancia

Nada me dicen las fotos silenciosas,
las sonrisas de esos novios despistados,
ni los cielos más azules o nublados,
provocadores de tantas mariposas.

Se ha perdido nuestro amor entre esta ausencia,
en ese bosque de negras soledades,
en la espesura de las medias verdades
y en la premura de nuestra inexperiencia.

No vibra ya la piel al roce del otro,
ni se acelera el pulso en la cercanía,
se resiste el convivir de cada día
y ahora es solo tú o yo, nunca un nosotros.

Cuando pasen los años, llegue el olvido
y bebamos de otros labios sin saberlo,
tú, recordarás mi boca sin quererlo,
yo, jamás podré olvidar que te he querido.

Carmen Martagón ©

Nieve



Allí donde la nieve nos hizo resbalar a carcajadas,
allí donde encontré la llave que me abrió a la adolescencia,
en aquel lugar plagado de recuerdos,
metí mis sentimientos a empujones
en el corazón roto a fuerza de nostalgia. 


Allí donde se me hundió la vida,
seguirá nevando, llenando de frío
las paredes desiertas, ausentes de cuadros.
Yo sigo esperando que el calor derrita la nevada,
esta que se ha instalado aquí en mi pecho.

Por eso, busco tu abrazo
en los cuerpos extraños que me voy encontrando,
a lo largo de esta carretera interminable,
que es mi vida....

Carmen Martagón ©