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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Sólo piel

Empaparme de tí, que me cale tu amor al infinito, la frescura de tu cuerpo sobre mi cuerpo, sentirme viva un día más, contigo.  Ven a mojar mi piel, inúndame la ropa con tu aroma, y pégate a mi cuerpo que te añora en cada instante. Ven y apaga mi sed, cubre con tus labios mi boca, poniendo final a esta sedienta espera y que se anegue mi ser del sabor de tus besos. Empaparme de tí... beber sin prisas, amar con ganas, dejarme apagar el fuego que no cesa y que me envuelvan las gotas de tu calma. Empaparme, mojarme, sentirme, y ser sólo piel cada minuto, contigo. Carmen Martagón ©

Lluvia de colores

En días de lluvia me imagino saltando en los charcos con unas botas rojas de lunares. Disfruto al salpicar uno a uno los coches aparcados, bajo y subo en las mojadas aceras, y no llevo abrigo ni paraguas que puedan resguardarme de las gotas.  En días de lluvia me imagino besándote en la boca sin remedio, mojándome contigo de alegría, mientras que nos empapa la llovizna o nos cala, hasta los huesos, el tremendo aguacero. En días de lluvia, como hoy, soy gato asustado en la ventana, dibujo corazones con los dedos en el cristal empañado del salón y me imagino saltando en los charcos con unas botas blancas de lunares, mientras esquivo tus besos infantiles. En realidad en días de lluvia leo, mientras imagino la vida efímera de cada gota en los cristales, escribo unos versos dedicados a nadie o escucho mi canción favorita mientras una voz adolescente canta, una y otra vez, el mismo rap. Carmen Martagón ©

Sin Mácula

           Para todos aquellos a los que las manos malvadas le roban la inocencia...             Y le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete, se miraban sin hablar, apenas una sonrisa forzada escapaba de la boca del prior. Asomar a la cocina del convento y ver al padre Ángel, era la obligación de Fermín todos los viernes.             Después, sentado a solas en el campanario, se miraba las manos manchadas y tras limpiarse la harina en el babi, desenvolvía lentamente la cajita blanca, con los huesos de santo que tanto le gustaban.            Mientras el tierno mazapán blanco se derretía en su boca, iba leyendo la nota que le indicaba dónde acudir esa semana, para colmar los deseos de su mentor. Una nueva mancha de pecado en su alma de niño. Carmen Martagón ©

Soy yo...

Me reconozco, en la mirada de miel frente al espejo, en las líneas de expresión junto a mi boca, en los hilos plateados de mis sienes y en en el desorden de mi sonrisa blanca. Me reconozco aquí, en el vientre abultado, curvado y roto por la vida ofrecida, en la piel curtida mientras corre el tiempo, las anchas caderas que abrieron el paso a los hijos de pecho que ya llegaron. Me reconozco, bajo esta tibia piel que apenas recubre, éstos, mis senos que caen sin gravedades, tanta piel curtida al sol de mis recuerdos, marcada en el dolor de muchos abrazos, de los amantes muertos que ya no vuelven, de los amores que viven en mis sueños. Bajo esta piel todavía te reconozco en tus juegos hermosos de niña alegre, en esa timidez tuya adolescente, en la emoción de ser madre primeriza o en ese llanto tras el miedo a perderte por el laberinto que esconde la vida. Carmen Martagón © Foto: Rocío Escudero  ©

Árbol

Madera y piel, viento y marea, arena y ser, Tierra... Madera y ser, viento y sonido, arena y piel. Tiempo... Carmen Martagón

Mis cuentos

¿Y a tí qué te contaban los cuentos? ¿Cuántos de aquellos cuentos reconoces en esta reflexión? ¿Tu preferido? Aquí os dejo esta reflexión de... Cuentos              Los cuentos infantiles me enseñaron que hay amores frágiles como el cristal, difíciles de digerir como una manzana, dulces como una casita de chocolate o aquellos en los que peligra tu vida si vas de rojo.                  En ellos, también aprendí que no es bueno tratar de buscar respuestas en el espejo, nunca debes cambiar la vida entera sólo por amor y que la mentira, además de hacer que te crezca la nariz, te hace entrar en una tormenta y aparecer en el lugar más insospechado.             Y ahora pensando en los. cuentos reflexiono: los ratones debían seguir al flautista más por aquello de: ¿Dónde va Vicente? que por la música en sí misma. Por otra parte, si el "genio" sale de la lámpara igual que me sale a mí, seguro que no le quedan ganas de pedir un deseo a quien esté delante.

Moldeando a los tuyos

En tus manos cansadas pongo la vida, las arrugas del tiempo serán mi guía, soy como el barro, moldeame a tu imagen, paso tras paso. En las manos llevas marcado el tiempo, el que das y el que tomas, erróneo y cierto, tiempo de arcilla, que se seca en el alma si no se cuida. Acarician tus dedos los sentimientos, dando forma al futuro que viene incierto, vueltas al torno, moldeando esta vida, ya sin asombro. En tus manos expertas no temo a nada, ni a las sombras que vienen de madrugada, no llega el sueño, me imagino tus manos y al fin me duermo. Carmen Martagón © Foto: Rocío Escudero ©

INFINITO AMOR

Cae la tarde sobre la arena callada, breves pisadas bañadas por las olas y una niña con mirada enamorada que ha venido para contemplarse a solas. Mueven los vientos las gotas y la arena, traen el aroma salobre de tu entraña los sentimientos, sobre todo la pena que se marchará sin volver la mirada. Un cielo infinito te envuelve y abraza un sol de pasión que, al salir, te calienta, calorcillo que en abril dulce melaza y en Agosto se agranda y te alimenta. Infinito amor correspondido entre el mar y aquella niña enamorada que hasta el sol queda mirando sorprendido cuando la observa borrar cada pisada. Carmen Martagón ©

Planes secretos

             Aquella noche mamá nos reveló su plan secreto, saldríamos en una hora todos juntos, ella llevaría en el "Kanga" al pequeño Keita, que estaba comenzando a dar sus primeros pasos. Debíamos dirigirnos calle arriba, en absoluto silencio, sin soltarnos de las manos. Papá nos esperaba en la playa, para subir en un bonito barco, que no s llevaría a un lugar donde no tendríamos que escondernos de los hombres de ojos fieros.              Mi hermano Alí lloró durante horas, porque no podíamos llevar a Puka, nuestra perra. Mi hermana Shaira no se separó de su muñeco de trapo y yo tenía mucho miedo, pero era el hermano mayor y los mayores debemos ser los fuertes.             Desde la playa, el mar se veía tan oscuro como los fieros ojos de los hombres que mataron a nuestro vecino Enam, por infiel. Alí y yo lo vimos todo.              En el barco hacía frío, todos lloraban y rezaban, incluida mamá. Yo aprovechaba la oscuridad para llorar sin hacer ruid